
La avicultura es una de las formas más antiguas de cría de animales, con una historia que se remonta a miles de años. Lo que comenzó como la cría doméstica de aves en pequeña escala se ha convertido desde entonces en uno de los sistemas de producción de alimentos más avanzados y eficientes del mundo. Comprender dónde comenzó la producción avícola y cómo se ha desarrollado brinda una perspectiva valiosa sobre los desafíos y las oportunidades que configuran la industria actual.
Se cree que la domesticación de los pollos comenzó hace más de Hace 8.000 años en el sudeste asiático, donde las aves de la jungla roja (Gallus gallus) fue domesticado por primera vez. Inicialmente, las gallinas no se criaban principalmente para obtener carne o huevos, sino con fines culturales y religiosos, incluidas las peleas de gallos y el uso ceremonial. Con el tiempo, los seres humanos reconocieron su valor como fuente de alimento y las aves de corral se extendieron por Asia, África y Europa.
En la época del Imperio Romano, las gallinas se criaban ampliamente en toda Europa, principalmente en pequeños rebaños de traspatio que abastecían a las familias de huevos y, de vez en cuando, carne. Durante siglos, la producción avícola se mantuvo descentralizada y en pequeña escala, con pocos métodos de cría selectiva y gestión organizada.
La verdadera transformación comenzó en finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la urbanización y el crecimiento de la población crearon la demanda de un suministro de alimentos más consistente y a mayor escala. Los avances en el transporte y la refrigeración permitieron que los productos avícolas se comercializaran más ampliamente, más allá del consumo doméstico.
En las décadas de 1920 y 1930, aparecieron las primeras granjas avícolas comerciales, particularmente en los Estados Unidos. Los productores comenzaron a criar bandadas más grandes, con frecuencia cientos de aves, y se introdujeron programas de reproducción selectiva para mejorar las tasas de crecimiento, la producción de huevos y la eficiencia alimentaria.
El mediados del siglo XX marcó el auge de la avicultura intensiva. Los avances tecnológicos en materia de vivienda, alimentación automatizada y prevención de enfermedades revolucionaron la industria. Los pollos criados específicamente para la producción de carne (pollos de engorde) y para la producción de huevos (ponedoras) se generalizaron.
Hoy en día, las aves de corral son carne más consumida del mundo, gracias a su asequibilidad, versatilidad y eficiencia. Los gallineros modernos pueden albergar a decenas de miles de aves, con sistemas sofisticados que controlan la temperatura, la ventilación, la iluminación y la distribución del alimento. La genética, la nutrición y las prácticas de manejo son muy avanzadas, lo que permite un crecimiento rápido y una alta productividad.
Al mismo tiempo, la industria se enfrenta a un creciente escrutinio en relación con el bienestar animal, la sostenibilidad y el uso de antibióticos. Esto ha estimulado el desarrollo de alternativas como los sistemas de cría en libertad, las viviendas enriquecidas y las tecnologías de ganadería de precisión.
Desde sus humildes comienzos en rebaños de traspatio hasta las actuales casas de producción equipadas con sensores y basadas en datos, la avicultura ha experimentado una transformación notable. Lo que no ha cambiado es su papel central a la hora de alimentar a las personas de todo el mundo.
Es probable que el futuro de la producción avícola se combine eficiencia con responsabilidad—equilibrar la productividad con el bienestar, la sostenibilidad y las expectativas de los consumidores. La industria siempre se ha adaptado y su evolución demuestra que la innovación y el cuidado van de la mano.