
El manejo de la basura es uno de los aspectos más importantes, aunque a menudo subestimados, de la producción avícola. El estado del lecho de un gallinero afecta directamente a la calidad del aire, al bienestar de los animales y a la eficiencia general de la producción. Un manejo deficiente de la basura puede provocar niveles elevados de dióxido de carbono (CO₂) y amoniaco, lo que reduce el rendimiento de la parvada y aumenta los costos.
La basura húmeda o compactada crea un entorno en el que los gases nocivos se acumulan rápidamente. Los niveles altos de amoniaco irritan el sistema respiratorio, reducen las tasas de crecimiento y afectan negativamente a las tasas de conversión alimenticia (FCR). Los niveles elevados de CO₂, a menudo causados por una mala ventilación combinada con ropa de cama mojada, disminuyen la disponibilidad de oxígeno, lo que se traduce en un crecimiento más lento, una mayor mortalidad y una mayor susceptibilidad a las enfermedades.
Más allá de la salud de los animales, las malas condiciones de la basura también afectan a la calidad de la carne y los huevos, ya que la exposición prolongada a ropa de cama mojada puede provocar ampollas en las mamas, dermatitis en las almohadillas de los pies y otros problemas de bienestar que comprometen el valor del producto.
Lograr una gestión perfecta de la basura requiere una atención continua y un enfoque proactivo. Algunas prácticas clave incluyen:
Los productores que dan prioridad a la gestión de la basura no solo mejoran el bienestar de las parvadas, sino que también obtienen beneficios de producción mensurables:
En resumen, el sistema de gestión de basura perfecto es aquel que ofrece de manera constante un entorno limpio, seco y cómodo. Al mantener la ropa de cama seca, retirar la basura apelmazada y mantener una ventilación adecuada, los productores avícolas pueden proteger tanto el bienestar de sus animales como sus ganancias.