
La densidad de población (la cantidad de aves criadas por metro cuadrado) desempeña un papel crucial en la avicultura. Afecta directamente al bienestar, al comportamiento, a la salud y, en última instancia, a la rentabilidad de la producción. Si bien mantener más aves en el mismo espacio puede parecer una forma de maximizar la producción, el hacinamiento a menudo genera costos ocultos que socavan el rendimiento.
Cuando el espacio es limitado, aumenta la competencia por el alimento, el agua y las áreas de descanso. Esto puede provocar agresividad, picoteo y canibalismo. Las aves estresadas son menos productivas y más vulnerables a las enfermedades.
El hacinamiento acelera la acumulación de amoniaco, CO₂ y humedad, lo que hace que los sistemas de ventilación trabajen más. La mala calidad del aire perjudica la salud respiratoria y reduce las tasas de crecimiento, al tiempo que aumenta el riesgo de dermatitis de las patas y otros problemas de bienestar.
Más pájaros significan más excrementos en la misma zona. La basura húmeda y compactada no solo produce amoniaco, sino que también crea las condiciones para el crecimiento bacteriano. Esto repercute negativamente tanto en el bienestar como en la calidad de la carne.
Las altas densidades facilitan que los patógenos se propaguen rápidamente a través del contacto cercano. Incluso las infecciones menores pueden escalar rápidamente y causar pérdidas significativas.
Las aves que se mantienen en las densidades adecuadas experimentan menos estrés, comen de manera más consistente y convierten el alimento de manera más eficiente, lo que lleva a mejores tasas de crecimiento y bandadas más sanas.
El espacio adecuado permite que las aves descansen, se muevan y se comporten de forma natural. Esto reduce las tasas de mortalidad y mejora el bienestar general.
Mantener una densidad óptima ayuda a garantizar mejores condiciones de basura y calidad del aire, lo que contribuye a mejorar la calidad de la carne y los huevos.
La densidad de población no se trata solo de números, sino de encontrar el equilibrio entre maximizar la producción y garantizar el bienestar de las aves. Las directrices y reglamentos de la industria suelen ofrecer recomendaciones sobre la densidad de población, pero el nivel adecuado también puede depender del diseño de la vivienda, la capacidad de ventilación y las prácticas de gestión.