
Los huevos no solo son un alimento básico en las dietas de todo el mundo, sino también una importante fuente de ingresos para los avicultores. Saber cómo maximizar el potencial de las gallinas para poner huevos es crucial tanto para obtener beneficios económicos como para satisfacer las necesidades nutricionales de la comunidad.
Las gallinas ponedoras, distintas razas de pollos elegidas específicamente por sus altas tasas de producción de huevos, son las responsables de la producción de huevos. Estas razas se diferencian significativamente de los pollos de engorde, que se crían principalmente para obtener carne. Las gallinas ponedoras tienden a ser más pequeñas y tienen menos masa muscular en comparación con los pollos de engorde. Su estructura corporal es más propicia para la puesta de huevos, a menudo con una pelvis más ancha.
La iluminación adecuada es fundamental, ya que influye en los ciclos de puesta de las gallinas y ayuda a regular los niveles de hormonas reproductivas que afectan a la puesta de huevos. Aproximadamente de 14 a 16 horas de luz al día pueden estimular a las gallinas a poner más huevos, pero la intensidad de la luz también es importante. Para garantizar un plan de iluminación óptimo, los administradores de las explotaciones pueden utilizar los datos de sensores fiables, como Sensor de intensidad de luz DOL 16.
Igualmente importantes son las condiciones de vida. Las gallinas necesitan un ambiente limpio, cómodo y libre de estrés para poner huevos de manera constante. El hacinamiento, la mala ventilación y las condiciones antihigiénicas pueden reducir la producción de huevos y aumentar el riesgo de enfermedades. Monitoreando el temperatura y humedad, el Nivel de CO2, y el nivel de amoniaco en el establo es, por lo tanto, un factor vital para garantizar un entorno óptimo en el establo.
La piedra angular de una alta producción de huevos es una dieta equilibrada formulada específicamente para las ponedoras. Las ponedoras necesitan una dieta rica en proteínas, vitaminas esenciales (como la A, D y E) y minerales (especialmente calcio y fósforo) para poder producir huevos de manera constante. La incorporación de aditivos para piensos, como enzimas y probióticos, puede mejorar aún más la digestión y la absorción de nutrientes, lo que se traduce en una mejor producción de huevos. En la mayoría de los criaderos, las gallinas pueden alimentarse cuando quieran. Eso significa que un suministro fiable de piensos es esencial, ya que la falta de pienso puede resultar en una menor productividad.
El agua es tan importante como la comida. Las gallineras necesitan un suministro constante de agua limpia y fresca para mantener la producción de huevos. Cualquier compromiso en la calidad o la disponibilidad del agua puede provocar rápidamente una disminución en el número de huevos.
Entender el ciclo de vida de las gallinas también es vital. Las gallinas ponedoras tienen una vida útil más larga en los entornos de producción que los pollos de engorde, ya que su valor radica en la producción sostenida de huevos durante varios meses o años. Empiezan a poner huevos alrededor de las 18 a 22 semanas de edad y pueden continuar durante varios años, aunque su producción máxima suele darse en el primer año.
La producción y la calidad de los huevos alcanzan su punto máximo alrededor de las 30 semanas de edad y luego disminuyen gradualmente a medida que las gallinas envejecen, por lo que es necesario controlar la composición de la parvada a lo largo del tiempo para mantener la producción.